Imágenes del mundo gitano

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Por Valeria Martins

Poblado de imágenes de cuchillos y lunas, de hombres valientes y mujeres de cabello negro, de besos, de toros y de sangre, el Romancero Gitano (1928) de Federico García Lorca, recrea el mundo de gitanos de Andalucía retomando la forma narrativa del romance. Éste se originó alrededor del año 1300 en España y en un comienzo era considerado un género propio de “gentes de baja y servil condición”. Sin embargo, ya en el siglo XVI se habían vuelto muy populares en las cortes. Encontré interesante mencionar que los primeros romances fueron escritos en Castellano, la lengua del reinado de Castilla, el más poderoso de la época que mucho tiempo después heredaremos en algunos países de América Latina.

En el Romancero Gitano, además de la métrica propia de este género (un número indefinido de versos octosílabos, con rima asonante en los pares y libre en los impares), Lorca conserva algunos de sus recursos tradicionales como los finales abiertos y los diálogos de estilo directo:

“¿Quién te ha quitado la vida
Cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias,
Hijos de Benamejí.”

(Muerte de Antoñito el Camborio)

Los temas que este romancero recorre son varios: el amor, la muerte, la libertad, la violencia. Por ejemplo, en el poema “La casada infiel”, se tematiza el amor apasionado y clandestino que emplea imágenes referidas al agua y los caballos las cuales funcionan como metáforas de esa pasión.

“Y yo me la llevé al río,
Creyendo que era mozuela
Pero tenía marido. (…)
Aquella noche corrí
El mejor de los caminos,
Montado en potra de nácar
Sin bridas y sin estribos.”

“La paloma”, Isidre Nonell (1904).

Muchos de los poemas de Lorca tienen una gran fuerza erótica que no sólo alude a lo meramente sexual; sino al encuentro misterioso, ancestral y mágico que se recrea en la humanidad cada vez que el amor se expresa. Pero también aparece lo erótico de forma mucho más violenta y perturbadora, por ejemplo, en los poemas “Romance de la luna, luna” y “Preciosa y el aire” donde se narra la agresión sexual de un viento hiper masculinizado sobre una frágil niña.

En relación a esto, es interesante tejer un puente entre “La casada infiel” y “La casa de Bernarda Alba”, una de las obras teatrales del mismo autor. En ella, aparece una escena que es clave para el trágico final que la cierra, en la que una muchacha recibe el escarnio público por haber quedado embarazada siendo soltera y haber abandonado a su hijo recién nacido quien termina muriendo a manos de unos perros.

Varias cosas son sugestivas en esa escena. Por ejemplo, no se le otorga un nombre propio a la joven madre sino que es “la hija de la Librada”. Ser “la hija de…” carga de alguna manera las tintas sobre la madre, es decir, sobre lo femenino, única responsable de tener una hija “mala”. De este modo, se borra la responsabilidad masculina que también desaparece al buscar un culpable del aborto y abandono del recién nacido, ya que la turba sólo busca tomárselas con la muchacha, pero nadie pregunta quién es el padre. Es decir, la culpa y el castigo siempre recaen sobre la mujer, y en este caso una mujer sin siquiera nombre propio. La figura del hombre está totalmente borrada y ausente. Al igual que en “La casada infiel” la mujer es una culpable eterna; es mentirosa, oculta la verdad, sólo busca su propio placer.

Por otro lado, el autor refleja la marginalidad y la estigmatización del mundo gitano, muchas veces asociado a conductas delictivas, al embaucamiento, a la mentira. Rescata su cultura y su folclore que muchas veces se contrapone al orden civil y a las costumbres “bien vistas” por el resto de la sociedad.

Asociado a esto, está el tema de la violencia, otra constante en muchos de los poemas. Por ejemplo, en “Reyerta”:

“Señores guardias civiles:
aquí pasó lo de siempre.
Han muerto cuatro romanos
Y cinco cartagineses.”

Me da la sensación de que la expresión “lo de siempre” alude a una conducta repetitiva y constante en el devenir del mundo gitano, donde la violencia y la muerte es cosa de todos los días. En otros poemas como “Muerte de Antoñito el Camborio” asistimos con angustia a escenas plagadas de una violencia irracional y desproporcionada.

“Gitana (Consuelo)”, Isidre Nonell (1903)

Intentando responder a la pregunta de lo humano y lo divino en este texto, creo que hay una fusión interesante de ambas dimensiones. Sabemos que Dios siempre se nos presenta en aquellos grupos humanos históricamente desplazados y marginados como lo ha sido el pueblo gitano. En este sentido, Lorca siempre ha tenido una postura de acercamiento y denuncia de ciertas conductas sociales que tendieron históricamente a marginar a los grupos más débiles (además de los gitanos, por ejemplo, también las mujeres que muchas veces son protagonistas de sus obras). Ese acento de parte del autor me parece algo a destacar. Estoy convencida de que Dios habita ahí justamente, en medio de los invisibilizados, los cuestionados en sus costumbres y su idiosincrasia, los pequeños, los que nos parecen diferentes. Dios es el otro. Y habitando y siendo el otro nos invita a romper esas estructuras que nos impiden abrirnos a lo diferente y amar, sin más.

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